El viejo ciruelo de casa

El 2 de febrero de 2013, el viejo ciruelo de casa lucía sus primeras flores y hojas.
El 2 de febrero de 2013, el viejo ciruelo de casa lucía sus primeras flores y hojas.

El 2 de febrero de 2013 el viejo ciruelo de casa lucía sus primeras flores y hojas.
Desde mediados de enero, sus ramas oscuras, aparecían artríticas, con nudos y muñones que, poco a poco, un año más, se han convertido en estos primeros brotes de color que anuncian una primavera que parece demasiado temprana.
El pobre ciruelo, atrapadas sus raíces en una maceta, no se expande ni crece frondoso, tampoco es demasiado prolífico (sólo en una ocasión, tres de sus flores, se convirtieron en tres ciruelas de un tamaño considerable) pero ya es viejo, no hay abejas que lo polinicen, así que, a pesar de aparecer ya con sus mejores galas, de nuevo las perderá sin
dejar huella de su fruto.
No importa, hasta que no se seque por sí mismo, continuará viviendo en su rincón de la terraza y, cada nuevo año, allá por la primera semana de febrero, me recordará que la vida, su vida, está de regreso y la primavera cerca.

Juana Castillo Escobar